martes, 26 de enero de 2016

Una mentira de la mente


Una mentira de la mente


Alguna vez acudí a una noche de estreno sin saber a ciencia cierta  la temática de la obra. Caminando por el lobby mis dudas se aclararon casi de forma instantánea: ahí, colocado sobre una de las paredes pude ver un limpísimo diagrama sobre violencia doméstica. Mi primer pensamiento al descubrir la información con estadísticas alarmantes y la exhibición del ciclo del abuso fue que el espacio se había destinado a alguna organización de la sociedad civil para denunciar este tipo de hechos. No obstante, algunas anotaciones del dramaturgo me hicieron darme cuenta de que todo giraba en torno al montaje que presenciaría. Hay un escenario abierto expuesto frente a la audiencia, que deleitada por la música en vivo, pareciera no extrañar telón alguno al escuchar la tercera llamada.

Samuel Shepard
A Lie of the Mind, una obra escrita por Samuel Shepard en 1985, retrata dos familias disfuncionales que con violencia física y psicológica se relacionan entre sí.  La crítica del New York Times le dio buena acogida: Un miedo, espléndida claridad irradia de los confundidos parientes por la poco conocida enfermedad terminal… magnífica obra de Sam Shepard.  La concentración en las causas y efectos de la violencia doméstica como tema central de este texto es uno de sus mejores aciertos, señala la punta del iceberg de una problemática arraigada y de la que poco se discutía, pues de acuerdo con la asociación nacional de psicólogos de EU, no mucha gente hablaba sobre abusos ocurridos entre parejas adultas antes de la mitad de los años 70´s. El pensamiento común era que la violencia ocurría en las calles.  La naturaleza de esta obra es un reflejo del entorno social y una acertada dirección podrá enfatizar la hostilidad permitiendo al espectador identificarse con su propio rol como agente de cambio.

Mucho se ha discutido sobre la influencia de la propia vida del autor en sus obras y hay quienes apuntan a la dramática vida de Shepard como fuente este texto híper realista plagado de simbolismo, al que le siguen otros con temáticas crudas. En alguno dará un giro al tan característico realismo mágico de Elena Garro como marco para presentar otra historia, aunque esta vez con personajes más complejos. Actor, músico y guionista, Shepard ha sido, después de Tennessee Williams, uno de los dramaturgos más producidos en los Estados Unidos de Norteamérica, durante década de los 80’s.
             




martes, 19 de enero de 2016

Réquiem para José Pérez Delgado

                            Me hubiera gustado trabajar más tiempo con el profe Pepe. Tengo la impresión de que disfrutaba el arte por cuanto conocía de el. Desde muy joven se mudó a Chihuahua para continuar sus estudios, pero tuvo la decisión de dedicar su tiempo libre a tomar clases de danza con el maestro Sergio Franco. Fue este quien lo encaminó a hurgar en libros los períodos históricos del arte y plasmar sus investigaciones en bocetos que más tarde se convertirían en vestuarios para todo tipo de espectáculos, algunos de los cuales  llego a confeccionar el mismo cuidando cada detalle.  

Era un erudito. Sabía los pormenores de cada época histórica de los montajes en que participaba: colores, texturas, formas, estilos... por eso rasgo un vestido de arriba abajo, luego de que una actriz lo mandara arreglar para usarlo con un escote – a su ver - más favorecedor. Cosa interesante que el único reconocimiento que obtuvo esa obra fuese en vestuario, con un premio nacional.

Pero José Pérez no solo sabía de telas, colores y encajes, sus conocimientos no se limitaron a la danza, el teatro o las artes plásticas, aunque también obtuvo un premio nacional en dramaturgia. De forma constante leía y viajaba presenciando espectáculos de cada disciplina artística. Tal vez de ahí nació su amor por las artes, o quizá fue su espíritu investigador el que lo instó a aprender para luego derramar el conocimiento sobre las aulas a manos llenas. Creo que no volví a mirar un edificio igual después de su encargo, al finalizar una clase de historia del arte, de observar la arquitectura con más detalle. Y viendo la Quinta Gameros, me cuesta imaginar las condiciones adversas en que se encontrara antes de que Pérez solicitara delimitar el recinto para actividades culturales.

Influencia de muchos, un sinfín de creadores se abrieron horizontes por instancia del maestro. Con su partida deja el hueco profundo de una vida llena de memorias.  Tengo su recuerdo vívido cantando y componiendo letras de canciones para teatro en un dos por tres ante el asombro de los presentes. Solo hacía algunas preguntas concretas para determinar el tiempo, características e incluso el tono y tempo de su composición.  Me parece que nunca he visto a nadie crear una canción en tan solo un par de minutos y lanzarla al aire, con rima incluida.  Mi nombre es cacofónico: Pepe Pérez, pero así me llamo, ¿qué puedo hacer?–solía decir-.  Descanse en paz el maestro, amigo y mentor.